Capítulo I
Una orden mágica en el Londres victoriano
La Orden Hermética de la Aurora Dorada fue fundada en Londres en 1888 por tres masones: William Wynn Westcott, forense; Samuel Liddell MacGregor Mathers, estudioso y traductor de textos ocultistas; y William Robert Woodman, médico jubilado. Los tres pertenecían a la Societas Rosicruciana in Anglia, una sociedad rosacruz masónica. Su primer templo, llamado Isis-Urania, abrió el 1 de marzo de 1888, y le siguieron otros en Weston-super-Mare, Bradford, Edimburgo y París.
El relato fundacional de la orden se apoyaba en los «Manuscritos cifrados», unas páginas con esquemas de rituales escritas en un código sencillo que Westcott decía haber obtenido. Afirmaba que lo habían conducido hasta una adepta alemana, la señorita Anna Sprengel, que lo autorizó por carta a fundar una rama inglesa de una orden antigua. Los miembros avanzaban por grados que llevaban el nombre de las esferas del Árbol de la Vida cabalístico, y estudiaban astrología, tarot, geomancia, las letras hebreas, el simbolismo egipcio y la teoría de la magia ceremonial. A partir de 1892, una orden interior, la Rosae Rubeae et Aureae Crucis («Rosa de Rubí y Cruz de Oro»), practicaba la magia ritual propiamente dicha.
La Aurora Dorada atrajo a escritores y artistas. El poeta W. B. Yeats ingresó en 1890; otros miembros fueron la actriz Florence Farr, la mecenas teatral Annie Horniman, la artista Moina Mathers, los novelistas Arthur Machen y Algernon Blackwood, Arthur Edward Waite, Pamela Colman Smith y, desde 1898, Aleister Crowley. Algo insólito para su época, admitía a mujeres y hombres en pie de igualdad. Las disputas sobre el liderazgo de Mathers provocaron una escisión en 1900, y la orden se dividió en organizaciones rivales como la Stella Matutina y la Alpha et Omega.