Capítulo I
La visión de Hong Xiuquan
En la China imperial, los exámenes de acceso a la administración eran la gran escalera del ascenso social. Cientos de miles de hombres estudiaban durante años los clásicos confucianos con la esperanza de aprobar, y solo una ínfima parte lo conseguía. Hong Xiuquan, nacido en 1814 en una familia campesina hakka cerca de Cantón, fue uno de los muchos que suspendieron, una y otra vez. Tras su tercer fracaso, en 1837, cayó gravemente enfermo. En medio de la fiebre tuvo visiones: era llevado al cielo, purificado, y se encontraba con un anciano venerable de barba dorada que le entregaba una espada para destruir a los demonios, y con un hombre de mediana edad al que llamaba su hermano mayor.
Durante varios años las visiones quedaron sin explicación. Luego, en 1843, Hong leyó unos folletos cristianos que había recogido años antes en Cantón: Buenas palabras para exhortar a la época, escritos por Liang Fa, uno de los primeros conversos protestantes chinos. Hong llegó a la conclusión de que el anciano era Dios Padre, su hermano mayor era Jesús y él mismo era el segundo hijo de Dios, enviado para librar a China de los demonios. Con su primo y su amigo Feng Yunshan empezó a predicar, rompiendo tablillas confucianas e ídolos locales.
La relación de Hong con la tradición china era complicada. En los relatos Taiping posteriores de su viaje celestial, el propio Confucio aparece en el cielo y es reprendido y castigado por haber extraviado a los chinos con falsas enseñanzas, antes de que se le permita quedarse allí en un lugar inferior. Sin embargo, Hong nunca dejó de pensar en términos chinos. Se inspiró en el recuerdo que los clásicos conservaban de una antigua edad de oro en la que, según él, los chinos habían adorado al único Dios verdadero con el nombre de Shangdi, antes de que la idolatría los corrompiera. A sus ojos, el mensaje cristiano no era extranjero, sino la restauración de la fe perdida de la propia China. Esta mezcla de monoteísmo bíblico, lenguaje moral confuciano y sueños de un orden social justo dio al movimiento su fuerza singular.
Feng llevó el mensaje a las colinas de Guangxi, donde abundaban la pobreza, el bandidaje y las tensiones entre los colonos hakka y la población local. Allí organizó la Sociedad de Adoradores de Dios entre mineros, carboneros y campesinos pobres. En 1847 Hong pasó unos meses con el misionero bautista estadounidense Issachar Jacox Roberts en Cantón, estudiando la Biblia, aunque Roberts no lo bautizó. Entretanto, en Guangxi, miembros como Yang Xiuqing empezaron a entrar en trance y a hablar como Dios Padre o como Jesús, lo que dio al movimiento nuevos jefes con autoridad propia.