Capítulo I
La proclamación en Gaza
La tradición judía sostiene desde antiguo que un mesías, descendiente del rey David, reunirá algún día a los exiliados de Israel e inaugurará una era de paz. A lo largo de los siglos, varias figuras reclamaron ese papel o se les atribuyó, y cada vez la mayoría de los rabinos llamó a la prudencia. En el siglo XVII esa esperanza cobró una nueva urgencia. Las matanzas de judíos en Ucrania durante la sublevación de Jmelnitski de 1648 habían conmocionado al mundo judío, y las enseñanzas del cabalista del siglo XVI Isaac Luria, de Safed, se habían difundido ampliamente. La cábala luriánica describía el mundo como un lugar de chispas divinas dispersas que esperaban ser reunidas, un proceso llamado tikkun, o reparación, que culminaría en la redención.
Sabbatai Zevi nació en 1626 en Esmirna, un activo puerto otomano. Era versado en el Talmud y la cábala, pero su conducta desconcertaba a quienes lo rodeaban. Periodos de profunda depresión alternaban con momentos de exaltación, durante los cuales realizaba actos extraños, como pronunciar el nombre prohibido de Dios. Los rabinos de Esmirna, y más tarde los de Salónica, lo expulsaron. Autores modernos han sugerido a menudo que padecía lo que hoy se llamaría trastorno bipolar, aunque tales diagnósticos a siglos de distancia siguen siendo especulativos.
El encuentro decisivo llegó en 1665. Sabbatai viajó a Gaza en busca de Natán, un joven estudioso de la ciudad con fama de sanador de almas. Natán, que había tenido su propia visión profética, declaró que Sabbatai era el mesías. Sabbatai aceptó el papel. Natán pronto se convirtió en la voz del movimiento, y escribió cartas, oraciones e instrucciones penitenciales que recorrieron el mundo judío.