Capítulo I
Budas en este mismo cuerpo
En las montañas de Shōnai, en el norte de la isla principal de Japón, se alzan los tres picos sagrados de Dewa Sanzan: Haguro, Gassan y Yudono. Durante siglos fueron un centro del shugendō, una tradición de ascetismo de montaña que fundía el budismo, sobre todo el shingon esotérico, con el culto a los kami Los dioses o poderes sagrados del sintoísmo, presentes en la naturaleza, en los antepasados y en las grandes personas. Glosario locales. El monte Yudono, cuyo objeto sagrado es un manantial de agua caliente que fluye sobre una gran roca, era el más secreto de los tres. Allí tomó forma una devoción singular: la esperanza de convertirse en sokushinbutsu, un buda en este mismo cuerpo.
La idea se inspiraba en una famosa leyenda. Kūkai, el fundador del shingon en Japón en el siglo IX, murió en el monte Kōya en 835, pero la tradición shingon sostiene que no murió en absoluto. Entró en un estado de meditación eterna, nyūjō, en el que sigue esperando la llegada del futuro buda Maitreya, y los monjes todavía le llevan comida cada día. Los ascetas del monte Yudono esperaban seguir su ejemplo y ofrecer su propio cuerpo por la salvación de los demás. También en China se habían conservado y venerado durante siglos los cuerpos de reverenciados maestros chan, como Huineng.
La mayoría de los ascetas de Yudono no eran monjes de alto rango. Muchos eran issei gyōnin, hombres de origen humilde, a veces antiguos campesinos, que hacían en la montaña un voto de austeridad de por vida. Vivían cerca de templos como el Dainichibō y el Chūrenji, recogían limosnas y se les recuerda en la zona por sus buenas obras: construir puentes y caminos, cavar pozos, rezar durante hambrunas y epidemias. Para sus comunidades eran hombres santos cuyo sacrificio protegería la región.
El noreste de Japón era un lugar duro para vivir en el periodo Edo. Los veranos fríos provocaban repetidas malas cosechas, y las grandes hambrunas de las décadas de 1780 y 1830 mataron a muchos miles de personas en la región. Los historiadores han señalado que de varios de estos ascetas se recuerda que hicieron voto de sus austeridades en favor de quienes sufrían hambre o enfermedad. En ese contexto, un hombre que renunciaba por completo a la comida y ofrecía su cuerpo podía verse como alguien que asumía el sufrimiento de la comunidad, igual que un bodhisattva, en la enseñanza budista, aplaza su propia liberación para ayudar a los demás.