Capítulo I
La muerte de una mujer buena
La palabra sánscrita sati significa «mujer buena», una esposa fiel y leal. Con el tiempo pasó a designar a la mujer que moría en la pira funeraria de su marido y, en inglés, la práctica misma. El nombre evoca a la diosa Sati, esposa de Shiva, que en el mito hindú entregó su vida al fuego después de que su padre insultara a su marido. En el mito, sin embargo, Shiva estaba vivo; el vínculo con la viudez llegó más tarde.
La descripción más antigua no procede de la India, sino de Grecia. Unos historiadores que se basaron en un testigo presencial de las guerras posteriores a Alejandro Magno describen cómo, en 316 a. e. c., las dos esposas de un oficial indio llamado Keteo se disputaron cuál de ellas debía acompañarlo en la pira. En la propia India, el primer testimonio claro es una inscripción de 510 e. c. en Eran, en la India central, que afirma que la esposa de un guerrero llamado Goparaja lo siguió al fuego. En los siglos siguientes aparecen en muchas regiones piedras conmemorativas, a menudo talladas con un brazo alzado que lleva brazaletes.
La práctica se asoció sobre todo con las familias guerreras y gobernantes, en especial los rajputs de Rajastán, donde la muerte de las viudas reales se celebraba como prueba de honor. Relacionado con ella, pero distinto, era el jauhar, en el que las mujeres de una fortaleza sitiada elegían morir en el fuego antes que ser capturadas, como recordaban los bardos de Chittor. Para quienes ensalzaban el sati, la viuda se convertía en protectora de su familia y en una figura casi divina; para quienes se oponían, era víctima de la presión familiar y de una sociedad que dejaba a las viudas muy poco lugar.
Los viajeros europeos escribieron desde el siglo XVI numerosos relatos sobre el sati, que moldearon la imagen de la India en el resto del mundo. Como ha mostrado la historiadora Andrea Major, sus descripciones mezclaban horror y fascinación: algunos presentaban a las viudas como heroínas del amor conyugal y otros como víctimas de la astucia sacerdotal. Esos informes solían decir a los lectores más sobre los prejuicios europeos que sobre las propias mujeres, y dieron a la práctica, en la imagen occidental de la India, un relieve muy superior a su frecuencia real.