Codex of FaithsUn atlas ilustrado de la fe

Sombras de la fe · Ritos de sangre y de juicio

Los sacrificios humanos en el mundo antiguo

Los sacrificios humanos en la China Shang, Cartago, los aztecas, los incas y el mundo grecorromano según la arqueología y los textos, y por qué se discuten las cifras.

Esta página describe persecuciones y violencia del pasado. Está escrita como historia, sin detalles explícitos.

Cuándo
h. 1250 a. e. c.–década de 1530 e. c.
Dónde
La China Shang, el Mediterráneo, Mesoamérica y los Andes

En cifras

  • más de 13.000víctimas humanas mencionadas en las inscripciones oraculares sobre hueso de los Shang, según el recuento de estudiosos chinos modernos
  • cientosde cráneos excavados desde 2015 en el gran muro de cráneos (tzompantli) junto al Templo Mayor, en la Ciudad de México
  • 80.400víctimas que atribuye una crónica del siglo XVI a la consagración del templo en 1487, cifra que la mayoría de los historiadores considera muy exagerada
  • 3niños incas hallados en la cumbre del Llullaillaco en 1999, entre las ofrendas de capacocha mejor conservadas

En resumen

  1. I.Varias sociedades antiguas ofrecieron vidas humanas a los dioses o a los antepasados, entre ellas los reyes Shang de China, los aztecas de Tenochtitlan y los incas de los Andes.
  2. II.Hoy gran parte de las pruebas procede de la arqueología, desde las tumbas reales de Anyang hasta el muro de cráneos excavado junto al Templo Mayor y los niños hallados en cumbres andinas.
  3. III.Otros casos siguen siendo objeto de debate, sobre todo los enterramientos de bebés del tofet de Cartago, y muchos relatos antiguos procedían de enemigos que tenían motivos para exagerar.
  4. IV.Griegos y romanos contaban mitos de sacrificios como el de Ifigenia, pero en general consideraban la práctica bárbara, y Roma la prohibió por decreto en el 97 a. e. c.

Cronología

  1. h. 1250–1046 a. e. c.Los últimos reyes Shang, en Anyang, registran en huesos oraculares sacrificios de cautivos y son enterrados con sirvientes y víctimas.
  2. h. siglo VIII a. e. c.Se realizan los primeros enterramientos de bebés y animales incinerados en el tofet de Cartago.
  3. 216 a. e. c.Tras la derrota de Cannas, Roma entierra vivas a una pareja gala y a una pareja griega en el Foro Boario, según cuenta Tito Livio.
  4. 97 a. e. c.Un decreto del Senado romano prohíbe los sacrificios humanos.
  5. 1487El soberano azteca Ahuízotl vuelve a consagrar el Templo Mayor ampliado de Tenochtitlan con un gran sacrificio de cautivos.
  6. h. 1500Tres niños son dejados como ofrendas de capacocha en la cumbre del Llullaillaco, en los Andes.
  7. 1521Las fuerzas españolas y sus aliados indígenas toman Tenochtitlan, lo que pone fin a los sacrificios estatales aztecas.
  8. 2015–2017Arqueólogos de la Ciudad de México descubren el gran tzompantli y una torre de cráneos cerca del Templo Mayor.

Lo que muestran los documentos

  • Las tumbas reales y los fosos sacrificiales de Anyang, la última capital Shang, contienen los restos de muchas personas muertas como ofrenda.
  • Los huesos oraculares Shang registran preguntas a los antepasados sobre cuántos cautivos, a menudo de pueblos enemigos como los qiang, debían ofrecerse.
  • El muro de cráneos junto al Templo Mayor albergaba cráneos de hombres, mujeres y niños, lo que confirma las descripciones españolas e indígenas de la estructura.
  • Los niños incas eran ofrecidos en altas cumbres andinas, y los análisis científicos muestran que en los meses previos a su muerte se les dio coca y alcohol.
  • Los autores griegos y romanos describían en general los sacrificios humanos como una costumbre extranjera y bárbara, y Roma los prohibió en el 97 a. e. c.

Lo que dice la leyenda

  • La cifra de 80.400 víctimas en la consagración de 1487 procede de una crónica colonial basada en relatos aztecas; los historiadores dudan tanto del número como de que una matanza así fuera factible en pocos días.
  • Autores clásicos como Diodoro describen a los cartagineses arrojando niños al fuego ante una estatua de bronce; estos relatos los escribieron enemigos o extranjeros, mucho después de los hechos, y la arqueología no confirma sus detalles.
  • A menudo se dice que los sacrificios explican la conquista española de México, como si los pueblos aliados simplemente se hubieran sublevado horrorizados; en realidad, sus alianzas con los españoles tenían complejos motivos políticos.
  • El mito de Ifigenia se lee a veces como el recuerdo de una práctica griega real, pero los propios relatos suelen sustituirla por una cierva en el último momento, y faltan pruebas arqueológicas firmes de sacrificios humanos en Grecia.

Capítulo I

Ofrendas a dioses y antepasados

En muchas sociedades antiguas, el sacrificio era el acto central de la religión: se entregaba algo valioso a los dioses para que el orden del mundo continuara. La mayoría de las ofrendas eran animales, grano o bebida. En un pequeño número de Estados, y por lo general en momentos de gran importancia, la ofrenda era una vida humana. Las víctimas eran casi siempre cautivos de guerra, a veces esclavos, y en algunos lugares niños elegidos por su pureza. La práctica estaba casi siempre ligada a la realeza, a la fundación de edificios, al entierro de los gobernantes o a crisis como la guerra y el hambre.

Uno de los primeros casos mejor documentados es el de la China Shang. En Anyang, la última capital Shang, ocupada desde hacia el 1250 a. e. c. hasta la caída de la dinastía hacia el 1046 a. e. c., las tumbas reales albergaban sirvientes enterrados con sus señores, y en fosos cercanos se hallaron los restos de muchas personas muertas en ritos dedicados a los antepasados reales. Los reyes anotaban sus preguntas a los antepasados en huesos oraculares, por ejemplo cuántos cautivos del pueblo qiang debían ofrecerse. Los estudiosos modernos que han contado estas inscripciones suman más de 13.000 víctimas, una cifra que refleja lo que se proponía en la adivinación y no un recuento exacto de muertes.

Al otro lado del mundo, los mexicas, o aztecas, hicieron del sacrificio parte de toda una cosmología. Sus mitos enseñaban que los dioses habían dado su propia sangre para poner en movimiento el sol, y que las ofrendas humanas saldaban esa deuda y mantenían vivo el universo. La mayoría de las víctimas eran cautivos de guerra, y algunas guerras se libraban en parte para conseguirlos. Los sacrificios tenían lugar en el Templo Mayor de Tenochtitlan, el templo doble del dios de la lluvia, Tláloc, y del dios de la guerra, Huitzilopochtli, y los cráneos de las víctimas se exponían en un gran armazón de madera, el tzompantli.

Los incas de los Andes practicaban un rito más raro llamado capacocha. En ocasiones importantes, como la muerte de un soberano, se llevaba a Cuzco a niños de alto rango y después se los conducía a cumbres montañosas consagradas a las divinidades locales. Allí se los dejaba como ofrenda, lo que unía las provincias con el centro del imperio. Sus restos, conservados por el frío y la altitud, figuran entre los hallazgos más conmovedores de la arqueología andina.

Capítulo II

Lo que muestra la arqueología

Durante mucho tiempo, el conocimiento de estas prácticas procedía sobre todo de textos escritos por extranjeros: autores griegos y romanos que describían a sus enemigos y cronistas españoles que describían a los pueblos que habían conquistado. Estas fuentes tienen valor, pero también tenían motivos para exagerar. La arqueología permite hoy a los historiadores ponerlas a prueba.

En la Ciudad de México, las excavaciones iniciadas en 2015 sacaron a la luz la plataforma del gran tzompantli y una torre circular de cráneos unidos con argamasa, cerca del Templo Mayor. Se han recuperado cientos de cráneos. Muchos pertenecían a hombres jóvenes, como cabía esperar de cautivos de guerra, pero algunos eran de mujeres y niños, lo que sorprendió a los investigadores y ha suscitado nuevas preguntas sobre a quién se elegía y por qué. Los hallazgos confirman las descripciones de testigos presenciales como el conquistador Andrés de Tapia, aunque no las enormes cifras que dieron algunos autores coloniales. Una crónica del dominico Diego Durán, basada en relatos aztecas, afirma que en la consagración del templo ampliado en 1487 se sacrificó a 80.400 personas. La mayoría de los historiadores considera que es una cifra simbólica o exagerada.

El tofet de Cartago, en la actual Túnez, plantea un problema distinto. Es un cementerio de urnas que contienen huesos incinerados de bebés y animales jóvenes, a menudo señaladas con estelas que llevan inscritos votos a los dioses Baal Hammón y Tanit. Algunas estimaciones sugieren que allí se depositaron muchos miles de urnas a lo largo de varios siglos. Los autores griegos y romanos decían que los cartagineses sacrificaban niños, y la Biblia hebrea condena un rito parecido entre los pueblos vecinos. Algunos estudiosos aceptan que el tofet es una prueba directa del sacrificio infantil; otros, tras estudiar los huesos, sostienen que muchos de los bebés murieron antes del parto o poco después y fueron enterrados allí con ritos especiales. El debate no está cerrado.

En los Andes, los hallazgos más conocidos proceden del Llullaillaco, en la frontera entre Argentina y Chile, donde en 1999 una expedición dirigida por el arqueólogo Johan Reinhard encontró a tres niños, la mayor de ellos una muchacha de unos trece años. El análisis químico de su cabello ha mostrado cambios en la dieta y un consumo creciente de coca y alcohol en los meses anteriores a su muerte, huella del largo viaje ceremonial que precedía a la ofrenda.

Capítulo III

Mitos griegos y leyes romanas

Los griegos contaban muchas historias de sacrificios humanos. La más conocida es la de Ifigenia, hija del rey Agamenón, que iba a ser sacrificada para que la flota griega pudiera zarpar hacia Troya. En varias versiones, la diosa Artemisa la salva en el último momento y pone una cierva en su lugar. Trágicos como Eurípides usaron la historia para explorar el precio de la guerra y la crueldad de los dioses. Otros mitos, como el tributo de jóvenes atenienses enviados al Minotauro, giran también en torno al horror de las ofrendas humanas.

Sin embargo, para la mayoría de los griegos y romanos los sacrificios humanos pertenecían a un pasado mítico lejano, o a los bárbaros. Los autores acusaban de esa práctica a cartagineses, galos y britanos, en parte para señalarlos como pueblos no civilizados. La propia Roma no estuvo del todo libre de ella: Tito Livio cuenta que en el 216 a. e. c., tras el desastre de Cannas, un hombre y una mujer galos y un hombre y una mujer griegos fueron enterrados vivos en el Foro Boario como rito extraordinario. En el 97 a. e. c. el Senado aprobó un decreto que prohibía los sacrificios humanos, y emperadores posteriores suprimieron los ritos atribuidos a los druidas.

La Biblia hebrea también influyó en cómo veían el tema las culturas posteriores. El relato de Abraham e Isaac, en el que Dios detiene el sacrificio y proporciona un carnero, se ha leído desde hace mucho en la tradición judía y cristiana como un rechazo de la ofrenda humana, y los profetas condenaron el sacrificio de niños entre los pueblos vecinos.

Capítulo IV

Cómo terminó y cómo se recuerda

Los sacrificios humanos no terminaron en un momento concreto. En China, la costumbre de enterrar a sirvientes con los gobernantes decayó después de los Shang, aunque no desapareció de inmediato, y cada vez más las figurillas ocuparon en las tumbas el lugar de las personas. En el Mediterráneo, el rito desapareció con el dominio romano. En América terminó con la conquista española del Imperio azteca en 1521 y del inca en la década de 1530, cuando el cristianismo se impuso por la fuerza.

Hoy los historiadores intentan comprender estas prácticas sin hacer sensacionalismo y sin restarles importancia. Para quienes las realizaban eran actos de profundo significado religioso, y también eran ejercicios del poder del Estado sobre los cautivos y los vulnerables. México, Perú y Argentina presentan hoy este pasado en museos como el Museo del Templo Mayor, en Ciudad de México, y el Museo de Arqueología de Alta Montaña de Salta, donde se custodia con cuidado a los niños del Llullaillaco. Para los descendientes de estas civilizaciones, el reto consiste en recordar los sacrificios con honestidad y reconocer a la vez los logros de las culturas que los practicaron.

Dónde ocurrió

100° O60° O20° O20° E60° E100° E 20° S20° N40° N Ecuador Anyang · h. 1250–1046 a. e. c. Anyang: h. 1250–1046 a. e. c. Cartago · h. siglos VIII–II a. e. c. Cartago: h. siglos VIII–II a. e. c. Roma · 216 a. e. c. y 97 a. e. c. Roma: 216 a. e. c. y 97 a. e. c. Tenochtitlan · h. 1325–1521 Tenochtitlan: h. 1325–1521 Llullaillaco · h. 1500 Llullaillaco: h. 1500 Dónde ocurrió Dónde comenzó Lugares posteriores N
  1. h. 1250–1046 a. e. c. Anyang
  2. h. siglos VIII–II a. e. c. Cartago
  3. 216 a. e. c. y 97 a. e. c. Roma
  4. h. 1325–1521 Tenochtitlan
  5. h. 1500 Llullaillaco

Preguntas frecuentes

¿De verdad sacrificaban los aztecas a miles de personas?

La arqueología confirma sacrificios a gran escala en Tenochtitlan, incluidos cientos de cráneos del gran tzompantli. La mayoría de los historiadores duda de las cifras altísimas de las crónicas coloniales, como las 80.400 víctimas de una sola fiesta, y no existe un total fiable.

¿Sacrificaban los cartagineses a sus hijos?

Los estudiosos no se ponen de acuerdo. El tofet contiene miles de urnas con restos de bebés e inscripciones que registran votos a los dioses, que muchos interpretan como prueba de sacrificio, mientras que otros sostienen que muchos de los bebés murieron por causas naturales antes de ser enterrados.

¿Practicaban los antiguos griegos sacrificios humanos?

Los mitos griegos los describen, pero los autores griegos solían tratarlos como algo de un pasado remoto o propio de extranjeros. Las pruebas arqueológicas claras son escasas y discutidas.

Fuentes y lecturas recomendadas

  1. Kwang-chih Chang, Shang Civilization (Yale University Press, 1980)
  2. Davíd Carrasco, City of Sacrifice: The Aztec Empire and the Role of Violence in Civilization (Beacon Press, 1999)
  3. Johan Reinhard, The Ice Maiden: Inca Mummies, Mountain Gods, and Sacred Sites in the Andes (National Geographic, 2005)
  4. Dennis D. Hughes, Human Sacrifice in Ancient Greece (Routledge, 1991)
  5. Richard Miles, Carthage Must Be Destroyed: The Rise and Fall of an Ancient Civilization (Allen Lane, 2010)