Capítulo I
De Clermont a Jerusalén
En marzo de 1095, enviados del emperador bizantino Alejo I Comneno pidieron al papa Urbano II soldados occidentales para luchar contra los turcos selyúcidas, que habían invadido la mayor parte de Anatolia. En noviembre, en un concilio celebrado en Clermont, en el centro de Francia, Urbano respondió con algo mucho más ambicioso. Los cronistas que más tarde pusieron por escrito su sermón coinciden en que exhortó a los caballeros a dejar de luchar entre sí, marchar hacia Oriente para ayudar a sus hermanos cristianos y liberar Jerusalén, y en que ofreció la remisión de la penitencia por los pecados a quienes partieran. Se dice que la multitud respondió «¡Dios lo quiere!». Miles de personas hicieron voto y se cosieron una cruz de tela en la ropa.
La respuesta fue abrumadora y escapó en parte al control de la Iglesia. En la primavera de 1096, bandas populares, algunas siguiendo al predicador Pedro el Ermitaño, se pusieron en marcha antes que los ejércitos principales. Varias de ellas se volvieron por el camino contra las comunidades judías de Renania. Los ejércitos de los príncipes, encabezados por figuras como Godofredo de Bouillón, Raimundo de Tolosa y Bohemundo de Tarento, se reunieron en Constantinopla en 1097. Tomaron Nicea, atravesaron Anatolia y soportaron un agotador asedio de Antioquía entre octubre de 1097 y junio de 1098, en el que el hambre y las enfermedades mataron a muchos.
El 15 de julio de 1099 los supervivientes asaltaron Jerusalén. Fuentes cristianas y musulmanas describen por igual una matanza de los habitantes musulmanes y judíos de la ciudad, aunque inflan las cifras. Los cronistas latinos escribieron que la sangre llegaba a las rodillas, una imagen tomada del Apocalipsis, y el historiador musulmán posterior Ibn al-Athir dio la cifra de 70.000. Muchos historiadores modernos, apoyándose en cartas halladas en la Genizá de El Cairo que mencionan el rescate de cautivos, creen que lo más probable es que los muertos se contaran por miles. Los vencedores fundaron cuatro Estados latinos: Jerusalén, Antioquía, Trípoli y Edesa.