Capítulo I
Las primeras divisiones
En sus primeros siglos, el cristianismo se extendió por el Imperio romano y más allá, hacia el este hasta Persia y hacia el sur hasta Egipto y Etiopía. Grandes concilios de obispos definieron la fe. El Concilio de Calcedonia, en 451, declaró que Cristo es una sola persona en dos naturalezas, plenamente divina y plenamente humana.
Las iglesias de Egipto, Siria, Armenia y Etiopía no aceptaron esa formulación y se mantuvieron fieles a la fórmula de «una sola naturaleza encarnada». Se convirtieron en las iglesias ortodoxas orientales: la copta, la siríaca, la armenia, la etíope y la eritrea. Antes, la Iglesia del Oriente, en Persia, se había separado tras el Concilio de Éfeso de 431 y llevó el cristianismo por la Ruta de la Seda hasta China.