Capítulo I
Hermes, el tres veces grande
El hermetismo toma su nombre de Hermes Trismegisto, «Hermes el tres veces grande», una figura que surgió en el Egipto grecorromano a partir de la identificación del dios griego Hermes con el egipcio Thot, dios de la escritura y la sabiduría. Con el tiempo se le llegó a imaginar como un antiguo sabio humano que había puesto por escrito enseñanzas divinas. Bajo su nombre circularon muchos textos griegos, desde obras técnicas de astrología, magia y alquimia hasta diálogos filosóficos y religiosos.
Los escritos filosóficos se conservan sobre todo en dos colecciones: los tratados griegos conocidos como Corpus Hermeticum y el Asclepius latino. El tratado inicial, el Poimandres, describe una visión en la que la Mente divina revela cómo nació el cosmos y cómo el alma, tras descender al cuerpo, puede ascender de nuevo. Otros diálogos, entre Hermes y sus discípulos Tat, Asclepio y Amón, enseñan que Dios es uno y está más allá de toda descripción, que el universo está lleno de vida divina y que el ser humano, al conocerse verdaderamente a sí mismo, puede unirse a Dios. Sus temas coinciden en parte con el platonismo, el estoicismo y el pensamiento judío de la misma época.
Los textos tuvieron una notable segunda vida. Hacia 1460 llegó a Florencia un manuscrito griego del Corpus Hermeticum, y Cosme de Médici pidió al erudito Marsilio Ficino que lo tradujera antes de terminar su trabajo sobre Platón. La versión latina de Ficino, impresa en 1471, se leyó como una sabiduría más antigua que la filosofía griega, parte de una «teología antigua» (prisca theologia) que parecía anticipar el cristianismo.
Capítulo II
La datación del tres veces grande
La creencia en la gran antigüedad de Hermes no resistió la crítica erudita. En 1614 el estudioso de origen suizo Isaac Casaubon demostró, a partir del vocabulario, el estilo y las ideas, que el Corpus Hermeticum se escribió en la era cristiana y no en tiempos de Moisés. Los especialistas actuales coinciden en que los textos se compusieron en griego en el Egipto romano, muy probablemente entre los siglos I y III e. c., y que tuvieron más de un autor.
Desde entonces el debate se ha centrado en hasta qué punto era egipcio el hermetismo. Los estudios anteriores tendían a ver en estos textos filosofía griega con ropaje egipcio. Garth Fowden y otros han sostenido que también reflejan auténticas tradiciones sacerdotales egipcias. El descubrimiento de la biblioteca de Nag Hammadi en 1945, que incluía obras herméticas hasta entonces desconocidas como el Discurso sobre la Ogdóada y la Enéada, reveló algo de cómo se practicaba la enseñanza hermética, con oraciones, himnos y etapas de instrucción que conducían al discípulo hacia una visión de lo divino.
Sigue sin estar claro si existieron comunidades herméticas organizadas; las pruebas apuntan a pequeños círculos de maestros y discípulos más que a una iglesia o una orden. Obras posteriores atribuidas a Hermes, como la Tabla Esmeralda, conocida primero por fuentes árabes, pertenecen a tradiciones distintas y más tardías, aunque compartan su nombre.
Capítulo III
De la magia renacentista al esoterismo moderno
Pensadores del Renacimiento como Giovanni Pico della Mirandola y, más tarde, Giordano Bruno combinaron las ideas herméticas con el platonismo y la cábala. La historiadora Frances Yates sostuvo en 1964 que esta tradición hermética contribuyó a forjar la visión renacentista del ser humano como una fuerza activa y creadora en el mundo. Su tesis fue influyente, pero historiadores posteriores la han matizado mucho: ven los textos herméticos como un ingrediente entre muchos, no como el motor oculto de la revolución científica.
El nombre de Hermes siguió unido a la alquimia, conocida como el «arte hermético», y pervive en la palabra cotidiana «hermético», por el cierre estanco del recipiente del alquimista. En el siglo XVII los manifiestos rosacruces recurrieron al lenguaje hermético, igual que más tarde grupos masónicos y esotéricos, y en 1888 la Orden Hermética de la Aurora Dorada lo incorporó a su propio nombre.
Hoy «hermetismo» lo usan tanto los historiadores, para referirse a los textos antiguos y a su recepción, como los practicantes modernos del esoterismo occidental, que lo viven como un camino espiritual vivo. Un libro popular, El Kybalión (1908), presenta siete «principios herméticos», aunque los especialistas señalan que refleja el Nuevo Pensamiento estadounidense de principios del siglo XX y no los escritos antiguos. La frase «como es arriba, es abajo», adaptada de la Tabla Esmeralda, se ha convertido en un resumen muy citado de la idea hermética de que el cosmos y el individuo se reflejan mutuamente.