Capítulo I
Un descubrimiento en el desierto
En el invierno de 1946–47, unos pastores beduinos de la tribu ta‘amireh, que según el relato habitual buscaban un animal extraviado, entraron en una cueva de los acantilados cercanos a Qumrán y encontraron altas tinajas de barro que contenían rollos de cuero. Siete rollos de esta primera cueva llegaron a manos de los especialistas a través de anticuarios. Eleazar Sukenik, de la Universidad Hebrea, compró tres en 1947, y los otros cuatro, vendidos por el metropolita siríaco ortodoxo Mar Samuel, los adquirió en 1954 el hijo de Sukenik, Yigael Yadin.
Entre 1949 y 1956, beduinos y arqueólogos, entre ellos el estudioso dominico Roland de Vaux, exploraron la zona y encontraron diez cuevas más. Solo la cueva 4 contenía fragmentos de cientos de manuscritos. De Vaux excavó también el cercano yacimiento de Qumrán, un asentamiento ocupado aproximadamente desde el siglo I a. e. c. hasta que las fuerzas romanas lo destruyeron hacia el 68 e. c., durante la primera guerra judeo-romana.
Los manuscritos comprenden libros bíblicos, comentarios, himnos, calendarios, textos legales y reglas comunitarias como la Regla de la comunidad y el Rollo de la guerra. Un texto insólito, el Rollo de Cobre, está grabado en metal y enumera lugares donde supuestamente se escondió un tesoro. Hoy muchos de los manuscritos se guardan en el Santuario del Libro del Museo de Israel, en Jerusalén.
Capítulo II
Lo que nos dicen los manuscritos
Los manuscritos bíblicos tienen una gran importancia para la historia de la Biblia. Muestran que el texto hebreo conocido por los manuscritos medievales posteriores ya estaba bien asentado, pero también que circulaban otras versiones junto a él. Algunos coinciden más con la Septuaginta griega o con el Pentateuco samaritano que con el texto hebreo estándar posterior. Los manuscritos conservan además partes de obras como 1 Enoc y Jubileos en sus lenguas originales.
Los textos no bíblicos revelan un grupo judío que se veía a sí mismo como la comunidad de la nueva alianza, seguía un calendario solar, observaba estrictas normas de pureza y esperaba una batalla final entre los hijos de la luz y los hijos de las tinieblas. Muchos especialistas identifican a este grupo con los esenios, un movimiento judío descrito por autores antiguos como Josefo y Plinio el Viejo. Otros sostienen que los manuscritos procedían de varios grupos o que se llevaron a las cuevas desde Jerusalén, y la relación entre las cuevas y el asentamiento de Qumrán sigue siendo objeto de debate.
Los manuscritos no mencionan a Jesús, a Juan el Bautista ni a ningún cristiano primitivo. Aun así, son valiosos para comprender el judaísmo del que surgió el cristianismo, ya que comparten con algunos escritos del Nuevo Testamento ideas sobre los mesías, el fin de los tiempos y la vida recta. Hallazgos posteriores en otros lugares del desierto de Judea, como Masada y las cuevas de Wadi Murabba‘at y Nahal Hever, aportaron cartas, documentos legales y nuevos fragmentos bíblicos, entre ellos cartas del líder de la segunda revuelta judía, Simón bar Kosiba, conocido como Bar Kojba.
Capítulo III
Retrasos, rumores y falsificaciones
Tras la rápida publicación de los primeros hallazgos, los numerosísimos fragmentos de la cueva 4 se asignaron a un pequeño equipo de editores. La publicación avanzó con gran lentitud, y en la década de 1980 muchos textos seguían sin estar al alcance de otros investigadores. La frustración creció, y con ella las especulaciones. Algunos libros de divulgación, en particular The Dead Sea Scrolls Deception (1991), de Michael Baigent y Richard Leigh, insinuaron que el retraso ocultaba material perjudicial para la Iglesia. Los especialistas rechazaron en general estas afirmaciones y atribuyeron el retraso a la dificultad del trabajo y al afán posesivo de los editores.
En 1991, la Biblioteca Huntington de California puso sus fotografías de los manuscritos a disposición de todos, y aparecieron otras ediciones no autorizadas. El equipo oficial se amplió bajo la dirección de Emanuel Tov, y la serie Discoveries in the Judaean Desert quedó prácticamente completada a comienzos de la década de 2000. Nada de lo publicado respaldó las teorías sobre un secreto oculto.
La fama de los manuscritos ha atraído también el fraude. Desde 2002 han aparecido muchos fragmentos en el mercado de antigüedades, y en 2018 el Museo de la Biblia de Washington anunció que varios de sus fragmentos eran falsificaciones modernas. El Rollo de Cobre sigue inspirando a buscadores de tesoros, aunque no se ha encontrado ningún tesoro. Para millones de personas, los manuscritos siguen siendo un vínculo poderoso con el mundo del judaísmo antiguo.