Capítulo I
El reino oculto del Kalachakra
Shambhala (en sánscrito, Śambhala) es un reino descrito en el Kalachakra Tantra («Rueda del Tiempo»), un importante sistema tántrico budista que apareció en el norte de la India a principios del siglo XI. Según la tradición, Buda enseñó el Kalachakra a Suchandra, rey de Shambhala, que lo puso por escrito y lo llevó a su reino, donde una dinastía de reyes lo preservó. El texto conservado se presenta como una versión abreviada compuesta por un rey posterior, Manjushri Yashas, y su gran comentario, el Vimalaprabha («Luz inmaculada»), se atribuye a su hijo Pundarika.
Los textos sitúan Shambhala al norte de la India, más allá de grandes montañas nevadas. Relatos tibetanos posteriores la imaginan con forma de loto de ocho pétalos rodeado de montañas, con la capital real, Kalapa, en el centro y unos habitantes consagrados a las enseñanzas del Kalachakra. Sus soberanos llevan el título de kalki (en tibetano, rigden, «poseedor del linaje»), que la tradición explica diciendo que Manjushri Yashas unió al pueblo de Shambhala en una sola familia espiritual.
El Kalachakra contiene también una profecía. En una era futura, cuando el mundo esté dominado por fuerzas hostiles al Dharma, el vigesimoquinto rey kalki, Raudra Chakrin, saldrá de Shambhala al frente de un ejército, las derrotará e inaugurará una nueva edad de oro. El nombre y la idea de un salvador kalki aparecen también en los Puranas hindúes, donde Shambhala es la aldea en la que nacerá Kalki, el último avatar de Vishnu. Los especialistas señalan que el texto budista se inspira en estas imágenes más antiguas y las reelabora.
Capítulo II
Historia, texto e interpretación
El Kalachakra Tantra es un texto histórico con un contexto datable. Sus cálculos astronómicos apuntan a una composición a principios del siglo XI, y el ciclo de sesenta años del calendario tibetano comienza en 1027, una fecha vinculada a la introducción de esta enseñanza. Especialistas como John Newman han sostenido que su profecía de una guerra contra los «bárbaros» refleja la inquietud de los budistas indios ante el avance de potencias musulmanas desde el noroeste, y el texto describe con cierto detalle las doctrinas de esos rivales.
No hay pruebas históricas ni arqueológicas de que Shambhala existiera como reino físico. Algunos estudiosos occidentales han sugerido que la imagen podría basarse en recuerdos de tierras budistas de Asia central, pero son conjeturas. Dentro de la tradición, las interpretaciones difieren. Algunos maestros tibetanos describen Shambhala como un lugar real al que solo pueden llegar quienes tienen suficiente realización espiritual; otros la tratan como una tierra pura, a la que se accede mediante la práctica o el renacimiento. El propio Kalachakra proyecta además su cosmos sobre el cuerpo y la mente del practicante, de modo que la batalla final puede leerse como una lucha interior contra la ignorancia.
Los autores tibetanos compusieron guías para el viaje. La más famosa, el Shambhala lam yig («Guía del camino a Shambhala»), la escribió en el siglo XVIII el panchen lama Lobsang Palden Yeshe. Describe una ruta a través de paisajes reales e imaginarios, junto con las prácticas necesarias para recorrerla. Los historiadores leen estas obras como geografía espiritual y no como indicaciones para viajeros.
Capítulo III
Shambhala en Oriente y Occidente
En el budismo tibetano, el Kalachakra sigue siendo una práctica viva. El Dalái Lama ha conferido la iniciación del Kalachakra muchas veces, a menudo ante decenas de miles de personas, y la describe como una bendición para la paz mundial. Muchos asisten no para emprender la práctica completa, sino para establecer un vínculo con la enseñanza y, según la creencia tradicional, con la propia Shambhala. Pinturas tibetanas y mongolas representan el reino y a sus reyes, y aún se recitan oraciones para renacer allí.
En Occidente, Shambhala adquirió nuevos significados. Helena Blavatsky y los teósofos la convirtieron en la sede de maestros espirituales ocultos, y el pintor ruso Nicholas Roerich la buscó durante su expedición por Asia central en la década de 1920 y la pintó una y otra vez. La novela de James Hilton Horizontes perdidos (1933) dio al mundo Shangri-La, un apacible valle del Himalaya que muchos lectores asocian con la leyenda de Shambhala.
El maestro tibetano Chögyam Trungpa fundó en Norteamérica, en la década de 1970, un programa llamado Shambhala Training y describió una «sociedad iluminada» en su libro Shambhala: la senda sagrada del guerrero (1984), a partir del cual creció una comunidad internacional de meditación. Hoy el nombre aparece en librerías, editoriales y centros de retiro de todo el mundo. Ya se entienda como una tierra oculta, una tierra pura o un estado mental, Shambhala sigue siendo un símbolo de esperanza en un mundo renovado.