Capítulo I
Una cuestión de sucesión
Cuando Mahoma murió en Medina en 632, la joven comunidad tuvo que elegir un dirigente. Una asamblea de sus compañeros eligió a su amigo íntimo y suegro Abu Bakr como khalifa, «sucesor» o califa. Otros creían que el Profeta había designado a su primo y yerno, Alí ibn Abi Talib, casado con su hija Fátima, en un lugar llamado Ghadir Jumm.
Quienes apoyaban a Alí pasaron a ser conocidos como Shi‘at Ali, «el partido de Alí», o simplemente la chía. Alí llegó a ser el cuarto califa en 656, pero su gobierno fue disputado y fue asesinado en 661. La ruptura decisiva llegó en 680, cuando su hijo Husayn y un pequeño grupo de familiares y seguidores murieron a manos del ejército del califa omeya Yazid en Kerbala, en el actual Irak. Kerbala se convirtió en la memoria fundacional del islam chií: una historia de sufrimiento, lealtad y resistencia frente a la injusticia.
La mayoría, que aceptó a los primeros califas y a las dinastías posteriores, pasó a llamarse Ahl al-Sunna wa’l-Jama‘a, «la gente del ejemplo del Profeta y de la comunidad»: los suníes.