Capítulo I
Lo que celebra
Los ritos otoñales a la luna están documentados en la China antigua, y los poetas de la dinastía Tang escribieron sobre la contemplación de la luna del medio otoño; en tiempos de la dinastía Song la noche ya se había convertido en una fiesta popular, con mercados, música y pabellones para mirar la luna. El poema de Su Shi de 1076, escrito esa noche para su hermano ausente, termina con el deseo de que los seres queridos que están lejos compartan la belleza de una misma luna, y todavía hoy se canta.
La fiesta reúne varias corrientes de la religión china: la gratitud por la cosecha, las ofrendas a la luna y a los dioses del hogar y, en su centro, la familia, honrada en el pensamiento confuciano como raíz de una buena sociedad.
Capítulo II
Cómo se celebra
Las familias vuelven a casa para cenar juntas y luego se sientan fuera a mirar la luna. Puede prepararse una mesa con pasteles de luna, frutas redondas como pomelos y uvas, té e incienso como ofrenda a la luna, tradicionalmente a cargo de las mujeres de la casa. Los pasteles de luna se rellenan de pasta de semilla de loto o de judía roja, a menudo con una yema de huevo salada que representa la luna, y en las semanas previas se regalan en cajas a parientes, amigos y compañeros de trabajo.
Los niños llevan farolillos de papel con forma de conejo, de pez o de estrella, y en algunos lugares los farolillos llevan adivinanzas que hay que resolver. Un relato popular posterior cuenta que unos mensajes escondidos en pasteles de luna llamaron en otro tiempo a los chinos a levantarse contra el dominio mongol.
Capítulo III
En el mundo
La fiesta es festivo oficial en China continental y Taiwán, y en Hong Kong y Macao lo es el día siguiente. En Vietnam el Tết Trung Thu es ante todo una fiesta infantil, con procesiones de farolillos y danzas del león. Las comunidades chinas de Singapur y Malasia cuelgan farolillos en calles y templos, mientras que Corea celebra ese mismo día como Chuseok y Japón como tsukimi, la contemplación de la luna.